La tinta de la información
L a empresa pública Adif hizo público el miércoles que la rotura de la vía que provocó el descarrilamiento del tren Iryo se produjo 22 horas antes del accidente, aunque no se detectó por un problema de la «configuración», o sea, del sistema de señalización.
Recordemos que el ministro de Transportes, Óscar Puente, sostuvo, en unas declaraciones que realizó el pasado mes de enero, que, si la causa es la rotura de la vía, ésta se rompió «minutos u horas antes». Ya sabemos que, en realidad, ocurrió un día antes: Óscar Puente mintió y ocultó las pruebas del accidente que dejó 46 víctimas mortales.
La única causa que sigue abierta a día de hoy es la rotura de la vía, pese a la negativa del Gobierno a reconocer esta realidad. Sin embargo, lo más llamativo de todo —y viendo la masacre fiscal a la que los ciudadanos españoles se ven sometidos— es que el sistema de Adif no fue capaz de detectar ni la rotura del raíl ni tampoco el Alvia, que, recordemos, no sabían qué había ocurrido con él. Tenemos un sistema fiscal que no se corresponde con la calidad de los servicios públicos que recibimos.
Además, Adif ha reconocido que la alarma no avisó de la rotura de la vía «a pesar de contener en sus especificaciones que debe estar diseñado para detectar la fractura, no lo exigió».
Cada vez que se ha producido un fallo ferroviario, Óscar Puente lo ha achacado a un intento de «sabotaje». Esperemos, por una vez, que deje de seguir manipulando a la opinión pública, pues Adif ha remitido un informe en el que descarta esta causa.
Óscar Puente, ya está tardando en presentar tu dimisión: no siga riéndose de las víctimas.

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