EDITORIAL abril 16, 2026: Donald Trump no puede ser Ronald Reagan

   La tinta de la información


     a Unión Soviética se disolvió en el año 1991, después de un Golpe de Estado fallido contra Gorbachov. Además, la presión de Occidente, principalmente de Estados Unidos, Reino Unido y el Vaticano, fue crucial para demoler el sistema comunista en la Europa del Este.


     Ahora, muchos salen a la palestra para decirnos que la función del Papa es la de ejercer de figura pacificadora en el mundo. No es así, al menos no del todo. Recordemos que, si no fuera por el papel crucial que Juan Pablo II jugó como líder espiritual de los católicos, a la hora de apoyar la resistencia contra el comunismo, no habría sido posible la caída del Muro de Berlín en 1989. Sólo la unión espiritual, económica y militar de Occidente pudo poner fin al régimen del terror.


     Karol Wojtyla fue elegido heredero del trono de San Pedro en 1978, tras la repentina muerte de Juan Pablo I; Margaret Thatcher ganó las elecciones en 1979 y Ronald Reagan lo haría un año más tarde en Estados Unidos. Los tres mandatarios supieron el grave problema al que se enfrentaban: el comunismo como principal amenaza para la libertad individual y los derechos individuales.


    Sin embargo, ahora vivimos en tiempos distintos. Europa no quiere reconocer el origen de sus valores que la erigieron como un conjunto de democracias liberales; el presidente norteamericano, Donald Trump, no cuenta con los apoyos internacionales para hacer frente a China y Rusia, y el papa León XIV no es capaz de hacer frente a la teología de la liberación que impera dentro de la Iglesia católica; más bien, pretende continuar con el papel de su antecesor, Francisco.


    En definitiva, si se quiere poner fin a los regímenes totalitarios de orden comunista, es necesario que Occidente tenga la fuerza moral —además de la militar y económica— para hacer frente a dichos regímenes. Mientras tanto, olvídense, pues Estados Unidos no será capaz, por sí solo, de acabar con todas las tiranías en el mundo. China no es Venezuela y Rusia no es Irán.


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