U na de las lecturas más excitantes, desde el punto de vista intelectual, del siglo XX es, sin duda, el libro titulado Camino de servidumbre, cuyo autor es el economista liberal de la Escuela Austriaca, Friedrich A. Hayek.
A lo largo de la obra, el autor austríaco fue describiendo los pasos que llevan a una sociedad a la servidumbre absoluta. Hayek señaló cómo, a medida que el Estado va colectivizando la esfera privada de sus ciudadanos y empresas, la libertad de estos para lograr sus fines vitales se acaba, siendo desplazados, en última instancia, por un interés general al que todos pasan a militar.
En el libro, Hayek escribió, también, sobre cómo los discursos totalitarios se van abriendo paso entre los ciudadanos mediante tres formas:
1. La búsqueda de la homogeneización de opiniones entre los estratos sociales más pobres de la sociedad. Por ejemplo: señalar a los empresarios como los culpables de los bajos salarios.
2. Engrosar las filas de la organización de personas afines a ideas basadas en emociones y pasiones, con el objetivo de repetirlas hasta captar la atención de la mayoría social.
3. Establecer un punto negativo y culpable del problema artificialmente creado, basado en la envidia a los que viven mejor; es decir, la creación de un enemigo común. Por ejemplo: los nazis lo hicieron con los judíos y los bolcheviques con los kulaks.
En definitiva, el objetivo final es la manipulación de los más dóciles. Para ello, es fundamental mantener una enseñanza pública de baja calidad, pero con buena publicidad institucional, para que los adscritos a ella dejen de pensar de forma crítica y vayan adquiriendo ideas afines al aparato gubernativo.
En el caso de los ciudadanos españoles, estos decidieron entregar su libertad individual a cambio de que el Estado les garantizase una seguridad que, poco a poco, se va diluyendo, de tal forma que acabarán sin tener libertad ni seguridad. Porque, sin darse cuenta, ya formarán parte de un frente común.

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