EDITORIAL abril 6, 2026: España es cristiana, no musulmana


    La tinta de la información


    l pasado martes, en el partido entre España y Egipto, numerosos aficionados españoles de Cataluña corearon con gran fervor «musulmán el que no bote», armando un gran revuelo inexplicable en la prensa española, principalmente en la deportiva.


    Los titulares de los periódicos deportivos y generalistas estuvieron fuera de lugar, sin ningún tipo de sentido común. Llamaron racistas y xenófobos a los aficionados españoles que gritaron con orgullo a su escudo y su nación. Españoles que, al fin y al cabo, conviven diariamente con la inseguridad en las calles provocada por la inmigración irregular, sobre todo en la región catalana, donde Barcelona ya es la ciudad más insegura de toda España. 


     Los periodistas, en términos generales, han demostrado ser una casta completamente ajena a los problemas de la sociedad —a la que deben dirigirse informativamente hablando— y han pasado a convertirse en una especie de secta política más.


     El periodismo nació para mostrar su capacidad de fiscalización al poder político; empero, ahora parece ser que hay que ejercer de contrapoder: el nuevo dogma del periodismo consiste en defender a los políticos de los ciudadanos.


     Los periodistas viven en una realidad paralela —desde sus casas en barrios de lujo— y, por lo tanto, no saben los problemas a los que se enfrentan constantemente los ciudadanos de a pie. Y, mientras guardan silencio en sus editoriales cuando se hacen homenajes a etarras o se pita el himno de nuestro país fuera de nuestrs frontera, se ponen jacarandosos con aquellos ciudadanos, que sin insultar ni agraviar a nadie, muestran con orgullo su bandera y corean el himno de España. 


     No es de extrañar que cada año haya más personas que se adhieran al catolicismo o que lo muestren externamente, sobre todo cuando son atacados por una religión que vive de sembrar odio y terror en Occidente.

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