EDITORIAL febrero 16, 2026: España liderada por la mediocridad



   La tinta de la información


       La izquierda española atraviesa una crisis que no es solo electoral, sino intelectual. De haber sido un espacio que aportó figuras decisivas en la consolidación democrática, ha pasado a proyectar referentes más conocidos por el eslogan que por la profundidad de sus ideas. No es nostalgia: es la constatación de un debate público cada vez más superficial.


       Durante años, acceder a responsabilidades de gobierno implicaba una exigencia tácita de preparación y trayectoria. No era elitismo, sino respeto por la función pública. Hoy, esa cultura del mérito parece haberse diluido. La formación ya no distingue; incluso incomoda.


       Más preocupante aún es la reivindicación del antiintelectualismo como virtud política. La ignorancia se presenta como cercanía al pueblo y el rigor se caricaturiza como arrogancia. Se invierten los valores: el esfuerzo resta y la ocurrencia suma.


       Esta deriva empobrece el debate y debilita las instituciones. Cuando la política se convierte en espectáculo, la gestión se resiente. La degradación del lenguaje suele preceder a la degradación de las decisiones.


       La pregunta es si estamos dispuestos a normalizar esa mediocridad. La calidad democrática depende también de la exigencia ciudadana. Si premiamos la estridencia sobre la competencia, no deberíamos sorprendernos del resultado.



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