La tinta de la información
E sta semana ha habido una nueva polémica relacionada con la denuncia por agresión física sufrida presuntamente por Sarah Santaolalla.
No había ninguna agresión, y estaba grabado, para fortuna de Vito Quiles, porque, si no, probablemente la resolución judicial de la jueza que ha desestimado la orden de alejamiento interpuesta por Santaolalla habría sido otra: la condena de Vito.
La semana pasada, esta señorita se dedicó a pasearse por todas las televisiones hablando de una agresión que nunca existió. Todo estaba en su mente, podrida por el odio ferviente que tiene a media España. Y ayer, cuando el periodista Antonio Naranjo se lo reprochó en directo, esta, como la energúmena que es y siempre ha sido, se puso a injuriar a sus compañeros y a dar golpes en el plató al grito de «¡Que no me enfoque la puñetera cámara!». Toda una maestra de la palabra.
En vez de irse a su casa avergonzada, se puso a publicar contenido en sus redes sociales —algo que, si alguien la quiere de verdad, debería prohibirle, por su evidente debilidad mental—, despotricando del programa en el que ha trabajado año y medio. Resulta que tan mal no estaba, a tenor del contenido publicado en sus redes sociales cada vez que acudía a su puesto de trabajo.
Al día siguiente, o sea, ayer, acudió a un acto «contra el odio» patrocinado por la marca política de su cabestrillo apócrifo: el PSOE. Este partido político aprovechó la ocasión para azuzar al «odiador de derechas, fascista y machista» y montar un numerito para ocultar las agresiones dentro de su organización.
Los pájaros disparan a las escopetas, y el PSOE, el partido de Tito Berni, Koldo, Ábalos y Cerdán, culpando a la derecha de la falta de respeto hacia las mujeres. Ver para no creer.

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