EDITORIAL marzo 13, 2026: El odio no es delito, de lo contrario la izquierda estaría incurriendo en un constante fraude de ley.
La tinta de la información
D esde los atentados del 11-M acaecidos en la ciudad de Madrid, la derecha española está catalogada como inhumana por una parte de la sociedad, contaminada por el odio que les inoculó el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero.
Los atentados de ETA lograron unir a la sociedad española para decir basta a los que estaban asesinando a personas inocentes, que lo único que hacían era defender sus ideas políticas. Esa unión se convirtió en una especie de maniqueísmo: el Bien, representado por la Izquierda, y el Mal, representado en el imaginario colectivo por la Derecha. Ahí nació el odio hacia media España, solamente por el mero hecho de existir.
Cuando Pedro Sánchez decidió que el partido representado por terroristas condenados, EH Bildu, debía participar en la formación del Gobierno de España, ese día se acabó por completo la vieja unión entre izquierda y derecha de la Transición, para dar paso a una alternancia política que, de darse algún día, no será pacífica. No cabe ninguna duda y se verá si algún día ocurre.
En definitiva, el odio corrompe las sociedades. Lo estamos viendo con Sánchez en el poder. Solo hay que comparar la España que se encontró en 2018 con la España que está dejando en 2026: una sociedad totalmente extremizada, en la que el odio a la derecha se traduce en violencia en el País Vasco y Cataluña contra quiénes se atreven a ondear la bandera de España, los que la izquierda llama "patriotas de pulserita".
El odio lo encarnan ellos, no nosotros.

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