La tinta de la información
E ste lunes, el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pasado por los micrófonos de Onda Cero para ser entrevistado en el programa matutino de Carlos Alsina, Más de Uno.
Ha sido una entrevista en la que el entrevistado ha demostrado ser más mala persona que tonto, pidiendo que se despida a una tertuliana, Ketty Garat, por haber publicado información sensible sobre sus vínculos con la dictadura chavista. Lo más sorprendente ha sido el silencio de los compañeros de profesión de la periodista.
Por si lo anterior fuera poco, Zapatero confirmó su relación "íntima" y "personal" con los hermanos Rodríguez, al considerar que esa relación ha permitido poner en libertad a muchos presos que han podido salir de las cárceles venezolanas "gracias a su gestión".
Sin embargo, la realidad es otra: las víctimas han confirmado —en medios de comunicación como The Objective— que han sufrido presiones por parte del expresidente español, para que dejaran de manifestarse en contra del dictador Maduro. Algo que no contrasta, para nada, la versión de Zapatero.
Sus vínculos con el régimen tiránico y sangriento de Venezuela no han sido para hacer de intermediario en la puesta en libertad de los presos políticos, sino, más bien, para mejorar su patrimonio personal. Desde que dejó el cargo de presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero ha multiplicado su patrimonio familiar por 115, llegando a superar la insólita valoración patrimonial de 3,7 millones de euros.
En román paladino: la justicia española y europea debería investigar este incremento patrimonial. Al no hacerlo, demuestra que algo turbio esconde detrás ese incremento y que, por motivos desconocidos, no se quiere investigar.
En definitiva, lo ocurrido no es un hecho aislado ni una simple polémica mediática, sino un reflejo preocupante de hasta qué punto ciertas conductas se han normalizado en la esfera pública. Cuando quien ha ostentado la más alta responsabilidad del Estado actúa sin dar explicaciones claras y, además, pretende silenciar a quienes informan, la gravedad trasciende lo personal y alcanza lo institucional. Porque no se trata solo de lo que se ha hecho, sino de lo que se permite sin consecuencias. Y mientras todo esto siga ocurriendo sin que nadie asuma responsabilidades, la desconfianza de los ciudadanos no hará más que crecer

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