La tinta de la información
L a prensa española se ha hecho eco de una noticia falsa sobre el cierre, por parte del Gobierno de Netanyahu, del Santo Sepulcro el día de la festividad católica del Domingo de Ramos.
Inmediatamente, este bulo fue recogido con oportunismo político por parte del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien volvió a cargar su odio antisemita contra Israel. Sí, el mismo que no se acuerda de felicitar la Navidad a los católicos.
La realidad, empero, fue otra: la prohibición se hizo por precaución y seguridad ante la amenaza iraní por el lanzamiento de un misil. Es decir, se quería proteger la integridad física de católicos, judíos y musulmanes residentes en Israel.
Llama la atención la avidez de la prensa española y del Gobierno a la hora de lanzar —sin contrastar previamente— un bulo simplemente para dañar a Israel. Están logrando —hasta los autodenominados liberales— que no se distinga entre los ciudadanos de Israel y el Gobierno de Netanyahu.
Pedro Sánchez cerró el Parlamento en pandemia, profanó la tumba de Franco al mismo tiempo que prohibía a su familia enterrar a su muerto en su cripta familiar y, ahora, esa misma persona viene a salvar a los católicos del “malvado” Netanyahu. Y, por cierto, que no se nos olvide su intento de hacer estallar por los aires la cruz más grande del mundo: la del Valle de los Caídos.
En definitiva, vivimos en un mundo donde, en la fluidez informativa, se mezclan noticias falsas y verídicas; por eso es importante discernir y cerciorarse antes de emitir una opinión, a priori, errónea.

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