La tinta de la información
E l Gobierno presidido por Donald Trump anunció en el día de ayer la ruptura total de relaciones con España ante la negativa del Gobierno español a permitir utilizar las bases norteamericanas presentes en nuestro país.
La postura del Gobierno de Sánchez tuvo que ser la de llamar a Moncloa al jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, y trazar un acuerdo y un discurso que represente en política exterior a España ante lo acontecido en Irán. En definitiva, un acuerdo a largo plazo en materia exterior. Pero eso lo haría un presidente responsable y en pleno uso de sus facultades mentales.
No se trata de estar del lado de Donald Trump. Se trata, al fin y al cabo, de estar o no con los tiranos y asesinos. Y España ha escogido quedarse sola en la defensa de las tiranías.
Los demócratas debemos alegrarnos por la caída del régimen de los ayatolás, que ha masacrado a su población, la cual añoraba y pedía libertad. Simplemente libertad, nada más.
Trump ha calificado a España como «aliado terrible» y ha afirmado que «no quieren tener nada que ver con ellos». Asimismo, ha puesto en entredicho la capacidad legal de España para impedir el uso, por parte de EE. UU., de las bases españolas.
La ruptura de relaciones comerciales puede costar a España cerca de 15.000 millones de euros en comercio con los norteamericanos y cerca de 500.000 empleos que dependen directamente de la relación comercial entre España y EE.UU. Pedro Sánchez ha decidido poner en peligro a sus ciudadanos.
España se ve sola ante el mundo. La pregunta es pertinente: ¿quién va a venir a ayudarnos a defendernos ante un posible ataque de un potencial enemigo como Marruecos? Hay que recordar que Marruecos y EE. UU. mantienen buenas relaciones.
La postura de Trump es la correcta, pero debe separar entre el Gobierno de España y los españoles. La mayoría social del país queremos seguir siendo aliados de los norteamericanos, salvo los putinejos representados en la extrema derecha y la extrema izquierda española.
En definitiva, lo que está en juego no es una simpatía personal ni una cuestión partidista, sino la posición internacional de España y su compromiso con la libertad frente a las tiranías. O estamos del lado de las democracias y de nuestros aliados naturales, o asumimos el riesgo de aislarnos en un momento geopolítico especialmente delicado. Esa es la verdadera disyuntiva.
Pedro Sánchez debe dimitir ya mismo.

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