La tinta de la información
P edro Sánchez ha utilizado unilateralmente la política exterior de España para hacer política partidista. Pretende captar, de esta forma, unos cuantos votos a cambio de dejar a España sola ante un enemigo declarado como Marruecos.
Los enemigos declarados de los EE.UU. han esgrimido como contraargumento al ataque militar en Irán la «violación del derecho internacional por parte de los estadounidenses.». Además, siguiendo esa lógica, añaden que «deberían acabar con todas las tiranías, siguiendo lo que ha sucedido en Venezuela y, ahora, en Irán».
Sin embargo, ante lo anterior, cabe formularse una pregunta: ¿qué probabilidades tiene Donald Trump de poder poner fin a todas las dictaduras del mundo en los tres años que le quedan de legislatura? Sencillamente, ninguna.
Estados Unidos ha hecho el trabajo que la ONU no ha querido hacer. Con sus cascos azules podría haber evitado la masacre de más de 30 000 personas en Irán, porque sus propias normas lo permiten. Tampoco lo ha hecho en Venezuela ni en Cuba. Y no lo ha querido hacer, precisamente, porque tiene entre sus países miembros a dictaduras.
La ONU ha demostrado que ya no sirve para lo que se fundó: establecer y asegurar la paz en el mundo. Decidió, desde hace tiempo, mirar para otro lado y hacer como que no pasa nada. Por eso, no podemos echarnos las manos a la cabeza cuando vemos que el primer país fundado como democracia actúa ante una amenaza contra su propia seguridad y la de Occidente.
En definitiva, España se queda sola. EE. UU. ya ha dicho que no va a prestarnos ayuda ante un ataque a nuestro territorio. Y puede hacerlo usando el mismo argumento que Sánchez ha empleado ahora: «No a la guerra».

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