La tinta de la información
L as manifestaciones del 8 de marzo, el día de la mujer, han ido disminuyendo de intensidad y de número de asistentes desde que comenzó —hace ya 8 años— la andadura de este Gobierno.
Lo anterior no es casual, pues responde a fenómenos legislativos y de incompetencia de la Administración pública con respecto a la seguridad de las mujeres. El último caso al que asistimos con estupor fue el del fallo en las pulseras de antimaltrato. Y ahí está la ministra de Igualdad, responsable del fallo de dichas pulseras, encabezando las manifestaciones de este año.
Sin embargo, la piedra angular que pesa sobre las mujeres maltratadas, violadas o agredidas sexualmente está en la ley del «solo sí es sí». Más de 1.000 violadores y agresores han visto reducir su condena y muchos de ellos han acabado saliendo de las cárceles.
La mujer estuvo más protegida en el franquismo que con este Gobierno. Hemos pasado del «algo habrás hecho para que te maltraten» al «seguramente te pasa por ser de derechas».
Cabe sospechar que a un ministerio nacido para solucionar el «machismo social» no le interese acabar con dicho problema para el que surgió, pues se suprimiría ese ministerio y, por tanto, los burócratas que se nutren económicamente de él pasarían a ser parados.
La liberación de la mujer se logró con su incorporación al trabajo, con la posibilidad de ir a la universidad y con tener el mismo paraguas jurídico que los hombres —la isonomía—. En definitiva, con la igualdad ante la ley.
No podemos permitir, como sociedad, que la mujer deje de depender del hombre para pasar a depender del Estado. Eso sí sería institucionalizar el machismo.

Comentarios
Publicar un comentario