El agujero negro en la historia de España

El agujero negro en la historia de España

Introducción 

En este extenso artículo, voy a tratar de explicar a través de un acontecimiento muy importante en nuestra historia como la derecha está totalmente deslegitimada para gobernar en España, concretamente, desde la muerte del dictador Franco en el año 1975. El problema de fondo está en los complejos de la derecha, que cree que por ganar la guerra civil española al bando republicano o rojo tiene que hacérselo perdonar aceptando todas las políticas del PSOE, incluso aquéllas que la deslegitima para ejercer el poder. Ésto, sumado al problema que tiene con el desconocimiento de su propia historia, ha provocado que todos los presidentes del gobierno de derechas (desde Adolfo Suárez hasta Mariano Rajoy) hayan sido defenestrados del poder de forma ilegítima y antidemocrática. 

Si echamos la vista atrás, podemos observar que Adolfo Suárez dimitió de su cargo presidencial al enterarse de que le estaban organizando (con el rey Juan Carlos I como cabecilla y toda la clase política con representación parlamentaria detrás) el golpe de gobierno, que no de estado, del 23-F. Por otro lado, José María Aznar, que dio la época de mayor prosperidad económica y de más prestigio internacional a España en todo lo que llevamos de democracia, sufrió la persecución mediática y política más atroz que se recuerde tras suceder los infaustos atentados del 11 de marzo de 2004. Gracias a estos atentados, el PSOE dio un vuelco electoral que nadie esperaba en tan solo tres días y relegó al PP a la deslegitimación más absoluta para volver a gobernar la nación española. De hecho, y para más inri, a Mariano Rajoy lo echaron a través de una moción de censura basada en una sentencia ilegal (el propio juez, Baltasar Garzón, fue condenado por las escuchas ilegales de las conversaciones que tenían los imputados en el caso Gürtel con sus defensores). Esta moción fue pergeñada en casa de Roures donde acudieron miembros de Podemos y de Esquerra; es decir, esta moción estaba planificada de antemano para continuar con el cambio de régimen que se inició tras el 23-F y se aceleró con el 11-M.

Por todo lo anterior, voy a centrar este artículo en la trama del 11-M, como homenaje a las 193 víctimas mortales y más de 2.500 heridos, algunos con secuelas de por vida, en el vigésimo aniversario de la mayor masacre de Europa y de España. Sobre todo, porque es el acontecimiento más trágico e importante de nuestra historia reciente y que explica por qué la derecha española puede llegar al poder pero no puede gobernar. 

¿Qué pasó el 11-M?

El 11 de marzo del 2004, a tres días de celebrarse las elecciones generales, hubo una serie de atentados terroristas en Madrid que cambió el rumbo político de España, atentados cuya autoría intelectual se desconoce a día de hoy y cuya autoría material es más que dudosa, pese a existir una sentencia que condena a más de cuarenta mil años a Jamal Zougam (saldrá de la cárcel en el año 2044 tras cumplir condena) por unas testigos que dijeron en el juicio haberle visto poniendo las bombas de forma simultánea en cuatro trenes distintos, que con posterioridad explosionaron entre las 7:37 y 7:39 horas de la mañana de ese mismo día, en las estaciones de El Pozo, Atocha y Santa Eugenia. A la sentencia me referiré más adelante, pero antes quiero explicar lo que sucedió los días 12, 13 y 14 de marzo (este último fue el día en que se celebraban los comicios para escoger al próximo presidente del gobierno). 

A las pocas horas, la cadena de radio SER cuyo jefe de informativos, a la sazón, Antonio García Ferreras, dio la noticia de que ETA había sido la autora de los terribles atentados. El lehendakari del País Vasco, Juan José Ibarretxe, salió en rueda de prensa para decir que los que habían cometido los atentados no eran vascos, convirtiéndose en la primera persona en culpar a la banda terrorista de ser la autora de los hechos. Por otro lado, Otegi afirmó unos minutos más tarde que ETA no era la responsable de los atentados pero sabemos, a día de hoy, que esas declaraciones las hizo sin estar seguro o convencido de ello. De hecho, sabemos que las Fuerzas de Seguridad tenían constancia de que mentía por una conversación que tuvo con alguien de su entorno en la que afirmaba no saber nada sobre la autoría: "Si hay alguien por ahí reivindicando esto, estamos perdidos definitivamente. Yo tengo que saberlo cuanto antes porque si es así no puedo volver a mi pueblo. Tengo que marcharme cuanto antes. Necesito saberlo". (Múgica, F. (2004, otoño 4). Los agujeros negros del 11-M: Una versión policial repleta de incongruencias. El Mundo). 

Esa misma mañana, en torno a las 10:00 horas, apareció en un parking de Alcalá de Henares una furgoneta Renault Kangoo en la que los terroristas habían transportado, supuestamente, los explosivos desde Morata de Tajuña. Un portero de una finca vio como unos extraños con pasamontañas dejaron abandonado el vehículo a las 7:00 de la mañana y, posteriormente, llamó a la policía. Ésta se personó allí con perros caninos para inspeccionar la furgoneta, pero no apreciaron nada extraño, como declararon en su día en el juicio. 

Por otro lado, el jefe del grupo Tedax de la Brigada Provincial de Madrid, Cáceres Vadillo, se puso con sus agentes a recoger muestras de los diez focos de explosión de los trenes. Pero a media mañana, el jefe de la Unidad Central de Tedax, Jesús Sánchez Manzano, llegó interrumpiendo a Cáceres Vadillo en la recogida de muestras al grito de "¡aquí mando yo!", y se puso al frente de las recogidas de muestras, también se quedó con las recogidas anteriormente por el grupo de Vadillo. A partir de ese momento, nunca, se volvió a saber el paradero de todas las 90 toneladas procedentes de los focos de los trenes.  

A las 13:15 horas del mediodía, el ministro del interior, Ángel Acebes, compareció en rueda de prensa para declarar que "ETA ha logrado su objetivo". Tres cuartos de hora más tarde, salió también José María Aznar diciendo en su discurso una frase espeluznante: "No vamos a cambiar de régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar". Ante ésto, cabe preguntarse: ¿a quién contestaba Aznar? 

A las 15:00 horas, la furgoneta anteriormente mencionada llegó a Canillas, donde es sometida, de nuevo, a una nueva inspección. En dicha inspección, se encontró un resto de explosivo (la marca del explosivo se confirmó tras un posterior análisis), detonadores y cintas con versículos del Corán. Sánchez Manzano cotejó, de primeras, ese explosivo hallado con una muestra patrón de Goma-2 ECO que tenía él. De manera sorprendente, el análisis refleja que es Goma-2 ECO, pero lo más llamativo, es que el análisis también reflejó que, tanto el resto de explosivo como la muestra patrón, estaban contaminados con la misma granulación por metenamina (sustancia ajena a la Goma-2 ECO). Lo que permitió inducir que el resto de explosivo y la muestra de la policía tenían el mismo origen. 

En la madrugada del día 12, llegó a la comisaría de Puente de Vallecas una bolsa de deporte (distinta a las bombas encontradas por el policía municipal Jacobo Barrero en Atocha y El Pozo, y que posteriormente fueron desactivadas) con tornillería, 12 kg de Goma-2 ECO y un teléfono móvil que decidirá, como veremos más adelante, toda la investigación. Pero antes de dar con esa bolsa de deporte, Ángel Acebes compareció para explicar el hallazgo de la furgoneta así como de su contenido. 

El 2 de abril, un vigilante de las vías del AVE, vio a tres individuos correr tras dejar algo en las vías del tren. Se trataba de una bolsa de plástico con una bomba conectada mediante unos cables de larga distancia para hacerla estallar. Tras el hallazgo, se pone en busca y captura a estos individuos con la ayuda, incluso, del ejército. Al día siguiente, el policía amigo de Rubalcaba, García Castaño, conocido como "El Gordo", se personó en la comisaría de Canillas para ayudar a buscar a los tres terroristas. Se puso a buscar en una sala llena de folios con números de teléfono y dio con uno que le sonaba de una anterior investigación, concretamente, de la operación Dátil. Inmediatamente después, rastreó las llamadas hechas desde ese número de teléfono y descubrió que se repetían varias veces un número de teléfono. A continuación, llamó a ese número y contactó con una inmobiliaria que tenía alquilado un piso a un marroquí en la calle Martín Gaite, en un barrio de Leganés. Posteriormente, se personó allí para llamar al telefonillo y corroborar que es un musulmán el que vive en ese piso. Tras comprobarlo, se inició un cordón policial, que derivó en un tiroteo entre los presuntos terroristas y la policía y, más tarde, se ordenó el asalto al piso por parte del Grupo Especial de Operaciones (GEOs) , momento en el que se inmolaron los terroristas y, como consecuencia, un resto de artefacto impactó en la femoral del teniente Torronteras, hiriendo de muerte al agente.   

Para finalizar con la presentación de las pruebas, dos meses más tarde de suceder los atentados apareció otra prueba: el Skoda Fabia. Este vehículo estaba colocado en el mismo sitio que la furgoneta Kangoo y, al parecer, también se utilizó para llevar o transportar los explosivos del atentado. Digo al parecer, ya que el propio tribunal del 11-M tuvo que desechar la prueba porque la matrícula de ese coche no consta en el registro de matrículas que se hizo el mismo día de los atentados. De más de 400 matrículas registradas, ninguna es la que llevaba el coche por lo que se terminó concluyendo que ese vehículo no pudo estar ahí. Podría decir quién colocó ahí ese coche para obstruir la investigación, pero lo cierto es que nunca se iniciaron las pesquisas para averiguarlo.    

Una refutación a cada una de las pruebas anteriores

Antes de comenzar con la refutación a las pruebas anteriormente presentadas, cabe mencionar un hecho totalmente insólito en casos como los del 11-M. Tan solo 48 horas después del atentado, una persona ignota dio la orden de destruir el escenario del crimen: los trenes con los boquetes de las explosiones. Para contextualizar este tema, hay que señalar que tras producirse el accidente ferroviario de Santiago de Compostela en el año 2012, el tren se guardó hasta que finalizó el juicio y el caso quedó visto para sentencia. Es decir, si en un accidente así se conserva el escenario del accidente, ¡¿cómo no se hizo lo mismo con los trenes de los atentados siendo el mayor atentado de la historia de Europa?! Bien, pues a día de hoy todavía no se sabe qué persona dio la orden de destrucción de los vagones, pero sí sabemos que los implicados fueron Renfe y la Audiencia Nacional. Es más, en el año 2008, el Tribunal Supremo contestó (debido a un recurso de casación que interpuso la defensa de Rafa Zouhier, cuyos motivos para presentarlo fue la inminente destrucción de los vagones) que la rápida destrucción de los trenes impidió un análisis más reposado y en profundidad de los restos de los vagones. 

Mi intención es hacer ver al lector del presente artículo como todo el 11-M se investigó partiendo de un escenario paralelo, con pruebas que salieron de ese escenario sin crimen pero creado ad hoc por policías corruptos al servicio de los dos grandes partidos de España: el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero y Español (PSOE). 

La furgoneta

La Renault Kangoo fue hallada, gracias a la colaboración del portero Luis Garrudo, a las 7:00 de la mañana, pero su jornada laboral comenzaba a las 8:00, algo que para empezar ya resultó raro, pero sigamos con la explicación. Inmediatamente, llama a la policía para que se personifique en el lugar de los hechos y declaró ante las fuerzas de seguridad haber visto a varias personas salir del vehículo con bolsas y pasamontañas.

Los guías caninos PN 74.021 Y 28.226 fueron los encargados de efectuar la primera inspección del vehículo en el parking de Alcalá de Henares donde fue encontrada la furgoneta. El agente 74.021 dio una vuelta al vehículo y el perro no olió nada extraño. Seguidamente, se procedió a forzar la puerta trasera del vehículo y tras una primera inspección ocular los guías no vieron nada en el maletero. En la imagen 1, en la parte superior, se puede apreciar que, efectivamente, no había nada como declaró el propio agente en el juicio. En cuanto a la parte delantera, el agente hizo un corte en la red que separa la parte trasera de la delantera que le permitió acceder a la parte de delante. Según ese mismo agente, el perro llegó a estar dentro de esa parte unos 5 minutos, pero no percibió olfativamente nada. 

Sin embargo, después de haber sido trasladado el vehículo al complejo policial de Canillas se realizó otra segunda inspección, sobre las 15:30, en la que se encontró restos de explosivo y cintas del Corán, como se puede observar en la parte inferior de la imagen 1. No obstante, el transportista que llevó la Kangoo, cuenta que la furgoneta llegó sobre las 14:00 del mediodía, es decir, estuvo una hora en la que se rompió la cadena de custodia. 

Tras descubrir misteriosamente las pruebas en el maletero de la Renault Kangoo que apuntaban a la islamización de los atentados, Jesús Sánchez Manzano cogió una muestra patrón de Goma-2 ECO que tenía bajo su custodia y la mandó comparar con el explosivo hallado, para determinar la marca del explosivo. El análisis dictaminó que el explosivo de la furgoneta era Goma-2 ECO pero que, además, estaba contaminado con la misma granulación que la muestra patrón por un componente ajeno a la marca de ese explosivo: la metenamina. De lo que se pudo sacar como corolario que ambas muestras procedían del mismo sitio: de la Unidad Central de Tedax, cuyo jefe en aquel momento era Jesús Sánchez Manzano. 

Imagen 1: Foto de la parte trasera de la furgoneta. Fuente: El Mundo.

La mochila de Vallecas

En la madrugada del día 12 de marzo, aparece la mochila (en realidad, bolsa de deporte, aunque le seguiré llamando mochila a lo largo del texto) en la comisaría de Puente de Vallecas. Al parecer, fue hallada en los restos personales que fueron recogidos de la estación de El Pozo, pero el inspector Cáceres Vadillo aseguró en el juicio haber peinado la zona de manera concienzuda (hasta dos o tres veces) y no se encontró ninguna mochila con explosivos dentro. 

Todos los restos personales recogidos en las diferentes estaciones fueron llevados al pabellón de Ifema para devolverlos a sus correspondientes familiares tras el reconocimiento previo de los cadáveres. Sin embargo, los de El Pozo fueron llevados desde Ifema hasta la comisaría de Puente de Vallecas, pero nunca se supo quién dio la orden para cambiarlos de sitio. 

En cuanto al contenido de la mochila, se encontraron 12 kilos de explosivo Goma-2 ECO, tornillos y un móvil que sería necesario para dar la corriente que haría explotar el detonador. Esta parte es muy relevante porque todo ello servirá para encauzar toda la investigación. Por ejemplo, ese móvil sirvió para descubrir a Jamal Zougam (era dueño de un locutorio) ya que lo único que lo inculpa de ser el autor material, es haber proporcionado las tarjetas SIM a los terroristas. Esto es algo inaudito, porque es como si un encargado de una cuchillería vende cuchillos a una persona (actividad legal), ésta se dedica a matar a gente, y encima el culpable es el que se los vendió y no el que ha matado con ellos.   

Empecemos con la tornillería. Carmen Baladía, la forense que realizó las autopsias a los 193 muertos en tiempo récord, (48 horas se tardó) afirmó, tras realizar diversas pruebas, que en ninguno de los cadáveres había tornillos ni clavos. Es decir, en los trenes no explotó tornillería como se quería hacer ver con ese primer contenido de la bolsa de Vallecas. 

En relación con los 12 kilos de Goma-2 ECO, Sánchez Manzano afirmó en el juicio, tras haber metenamina en el resto de explosivo encontrado en la kangoo, que ese componente forma parte de la Goma-2 ECO (algo completamente falso). Ante tal necedad, y gracias a la petición de la defensa de Rafa Zouhier, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y de la Asociación de Víctimas del 11-M, Gómez Bermúdez mandó realizar una pericial con 23 muestras procedentes de los focos de explosión, en la que aparecieron dinitrotolueno y nitroglicerina, componentes químicos del Titadyn y enteramente ajenos a la Goma-2 ECO. Es decir, de nuevo, otro contenido de esa bolsa que era totalmente inverosímil. Esto se supo tras la publicación del vídeo de la pericial en El Mundo. Para más inri, esa pericial que desmontó la versión oficial, no fue mostrada en el juicio y, pese a no tenerse en cuenta (el tribunal del juicio sí tuvo que visionarla en algún momento) se continuó con la investigación a pesar de ir cayendo como un castillo de naipes. 

Volviendo al móvil que se encontró dentro de la mochila, hay que recordar que Luis del Pino y Javier Somalo, tras realizar una investigación del dispositivo, acabaron confirmando que ese móvil, por el tipo de marca, no era capaz de dar la corriente necesaria para pulsar el detonador y hacer estallar la bomba. Por otro lado, El Mundo concluyó que era imposible que la bomba estallara porque el móvil era incapaz de retener información tras la extracción de la batería para coger la tarjeta SIM, que llevó más tarde a Jamal Zougam. Para más inri, los cables que conectaban la bomba estaban sin encintar, por lo que era imposible que la bomba pudiera explosionar. Es decir, la bomba estaba preparada para no hacerla explotar. 

Se estuvo intentando, con cierta obstinación, hacer ver a la opinión pública que esa mochila estuvo en los trenes, pero hoy en día podemos concluir con absoluta rotundidad que eso es totalmente falso. Es bien sencillo de explicar: por un lado, las bombas encontradas por Jacobo Barerro en Atocha y El Pozo eran mochilas de deporte y no una bolsa de deporte como la de Vallecas. Por otro, y según las declaraciones de este agente en el juicio, los cables de las bombas halladas tenían los cables de color negro y rojo; sin embargo, los cables de la bomba de Vallecas eran rojo y azul.   

Lo más asombroso de todo, no es que fuera una prueba falsa, sino que a pesar de demostrarse con pruebas empíricas que esa mochila o bolsa no pudo estar en los trenes y que, por consiguiente, fue colocada después de los atentados, fue la prueba que sirvió de hilo conductor durante toda la investigación. 

Imagen 2: Foto de la mochila de Vallecas. Fuente: cadena ABC.

El Piso de Leganés        

No voy a detenerme por razones de extensión en cómo se llegó a ese piso (hay una breve descripción en la presentación de las pruebas). Basaré estas líneas en explicar qué pasó en ese piso. 

En primer lugar, se hizo un cordón o dispositivo policial en todo el perímetro del edificio donde se encontraban los terroristas que, según la versión oficial, fueron los autores materiales de los atentados de Madrid. Cuando todavía no se había terminado de acordonar la zona, uno de los terroristas (conocido como Abdelmajid Bouchar) bajó a tirar la basura y se percató de la presencia policial en la zona. Se puso a correr y consiguió escapar de la policía (nunca más se supo nada de él hasta el 15 de agosto de 2005, cuando fue detenido en Serbia), pero antes llamó a sus compañeros del piso para avisarles de que la policía estaba rodeando la zona para que no lograsen escapar. 

A continuación, comenzó el tiroteo entre los terroristas y la policía. Llegaron los GEOs para subir al piso y detener a los terroristas. Cuando iban a hacer estallar la puerta de la casa, los terroristas se inmolaron alcanzando un artefacto al agente Francisco Javier Torronteras, quien perdió la vida.  

Todo lo anterior, es una de las patas que hacen tambalear el episodio del piso de Leganés. Precisamente, la persona que salió viva del mencionado piso fue la única que quedó libre de la causa por la que se le incrimina. Todos sus compañeros (ya muertos y sin posibilidad de poder defenderse. 

Tras años de investigaciones periodísticas, Ignacio López Brú contó cómo los terroristas tenían las falanges de los dedos cortadas en forma recta (una explosión nunca hace cortes rectos) además de no haber sangre en las paredes del piso, lo que parece indicar que los terroristas ya estaban muertos cuando estalló el piso (la sangre de un muerto se queda coagulada al dejar de latir el corazón). Todo esto se pudo averiguar, pero lo cierto es que nunca se hizo una autopsia de los cadáveres como indica, por otra parte, la ley. Sin embargo, al agente fallecido, sí se le hizo una autopsia. Que cada uno saque, de nuevo, sus propias conclusiones.   

Conclusiones      

Son tan evidentes las pruebas que señalan que el juicio del 11-M en el año 2007 fue una farsa, partiendo de que se llegó sin ninguna prueba procedente de los trenes y se sustituyó por pruebas marginales que, como hemos visto en páginas más arriba, no guardan ninguna relación con los atentados por sus manifiestas contradicciones que nunca se investigaron, pero que sirvieron para elaborar una infame sentencia que marcará de por vida a todos los profesionales del derecho que la redactaron.  

En cuanto a la destrucción de los trenes, cabe referirse en estas líneas al tren de Santa Eugenia. En concreto, el coche 4 con matrícula 190M que hoy en día sigue en circulación por Madrid. Gracias a la petición de una revisión ocular de los vagones por parte de la defensa de Rafa Zouhier, supimos que los trenes habían comenzado a ser destruidos la noche del 11 de marzo pero, sin embargo, este vagón no lo fue y se escondió hasta seis meses en la estación de Vicálvaro. Después, fue llevado a un taller de Tafesa, la empresa encargada de la reparación de dicho vagón. ¿Por qué ese vagón se conservó y el resto no?, ¿qué había en él para que fuera el único conservado? Imagino que algún día tendremos alguna respuesta.

Por supuesto, los restos del vagón que fueron retirados para su reparación se guardaron en un cobertizo del taller que fue construido en dos meses para el propio almacenaje de los restos. Misteriosamente, esos restos fueron robados pero nunca se buscó quién o quiénes lo hicieron. Una pena tratándose de la única prueba que quedaba para saber la verdad algún día sobre la verdadera autoría de los brutales atentados. 

Imagen 3: Foto del cobertizo con los restos del vagón. 



Imagen 4: Foto del taller sin rastro alguno del cobertizo.


Jamal Zougam es la única persona condenada a día de hoy como autora de los hechos. Solo le incrimina la versión de tres testigos que, supuestamente, estaban en el tren de Santa Eugenia, en concreto, en los coches 4 Y 5. . Se trata de los testigos protegidos Y-70, C-65 y R-10. C-65 declaró haber visto pasar “como un loco” a Zougam desde el coche 5 al 4 por la puerta que conecta ambos coches.  Sin embargo, el testigo R-10 declaró algo que contradecía la versión de C-65. R-10 declaró que vio subir a Zougam desde la puerta del andén del coche 4. Versión contradictoria pero admitida hasta por el Tribunal Supremo. Pero, para más inri, estos testigos añadieron a su declaración una versión completamente distinta del atuendo que llevaba Jamal Zougam el día de autos.

Quiero aprovechar estas conclusiones para hacer un homenaje a la valiente juez Coro Cillán, que fue la única que se atrevió a abrir una querella contra Sánchez Manzano por la manipulación y desaparición de las pruebas recogidas de los focos de explosión de los trenes. Pese al intento, esta juez fue desechada de la carrera judicial por inhabilitación en un caso aislado del 11-M. Hoy en día, la exjuez permanece en una residencia psiquiátrica además de estar en la más absoluta pobreza.

La señora Cillán logró que todos los Tedax que estuvieron bajo la orden de Sánchez Manzano fueran a su despacho a declarar, y consiguió un testimonio inédito de uno de ellos. En concreto, en ese despacho se llegó a declarar como Sánchez Mazano se saltó el protocolo y quitó del mando de la recogida de las muestras  a la Brigada Provincial de Tedax de Madrid cuando la Unidad Central de Manzano solo tenía atribuciones de apoyo. Cogió y mezcló todas las muestras de diferentes procedencias ni tampoco las etiquetó ni clasificó. Es  decir, se rompió la cadena de custodia.   

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