El Valle de la discordia

El Valle de lo Caídos es un tema de debate bastante recurrente en los medios de comunicación, fundamentalmente de izquierdas, cuando el gobierno no pasa por buenos momentos debido a las exigencias de sus socios en el parlamento.  Por ser un tema que suele ser de actualidad, voy a describir brevemente en este artículo la historia de la edificación y financiación del Valle de Cuelgamuros. 

¿Cómo se financió su contrucción?
Todo comenzó cuando, al finalizar la guerra civil en 1939, Franco y el general Moscardó fueron a la Sierra de Guadarrama para ver la finca de Cuelgamuros con la idea de erigir allí un monumento en honor a los caídos (de ambos bandos) en la guerra por su lucha heroica durante la contienda. El problema es que la finca era propiedad privada de la familia Villapadierna, gran perjudicada por las represiones del bando republicano en la famosas matanzas de Paracuellos. En concreto, dos de los tres hermanos, Manuela y Gabriel de Padierma, fueron asesinados. Sus herederos o parientes más cercanos recibieron en 1954, 600.000 pesetas, una cuantiosa cantidad en una época de crisis que generada por la hambruna y escasez fruto de los tres años de guerra. 

Su contrucción se financió mediante tres partidas: (1) Cuota de ingresos de la lotería nacional, (2) arrendamientos del terreno de la finca y (3) aportaciones y donativos privados. La más importante fue sin duda la cuota de ingresos de la lotería, llegando a reunir los cerca de 70.000.000 millones de pesetas en 1956.

¿Quiénes trabajaron en el levantamiento del monumento?
Al acabar la guerra, el régimen tenía un gran problema de espacio en las cárceles, por lo que tuvo que poner encima de la mesa un plan para solucionar dicho problema. La solución estaba en dar salida a los presos con penas o condenas por delitos menores mediante la creación de un organismo al que pudiesen inscribirse para redimir de dos a seis días de condena por día trabajado en la obra del Valle. Con el tiempo, esta opción se amplió al resto de presos. Por otro lado, los presos que solicitaron la redenciones de penas tenían un salario que se aumentó en función de la carga familiar que cada preso tuviese debido a sus circunstancias personales. Además, si algún preso se ponía enfermo, ese día o días que no podía acudir a su puesto de trabajo se le pagaba y descontaba en forma de días de su condena. En 1941 los presos que  solicitaron las redenciones de penas alcanzaron la cifra de 18.427 personas. 
Para nada fue como se está contando. Su origen estaba pensado solamente en complacer a las familiares que perdieron a sus seres queridos en la guerra y que pudieran acudir a Cuelgamuros para visitar a sus muertos, además de honrar la memoria de todas las víctimas de la guerra civil. 

Bibliografía
Pérez, A. B. (2015). Los presos del Valle de los Caídos. San Román, 2015.




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