El juez Gómez Bermúdez ordenó entonces una pericial independiente. De todas las muestras recogidas en los trenes, solo veintitrés llegaron al laboratorio, y de ellas apenas una —un tornillo y polvo de extintor— procedía directamente de un foco de explosión sin manipular. El análisis, publicado por El Mundo, reveló la presencia de dinitrotolueno y nitroglicerina, componentes propios del Titadyn, no de la Goma 2-ECO.
Coro Cillán citó a declarar a los presuntos responsables de un delito de omisión del deber de perseguir delitos, entre ellos Sánchez Manzano y su perito químico. La acusación se basaba en la desaparición de los vagones de los trenes y en un posible encubrimiento de pruebas. Los imputados pidieron el archivo del caso alegando cosa juzgada y prescripción, pero ni una ni otra se sostenían jurídicamente.
El 11 de octubre de 2013, en medio de presiones políticas y mediáticas, la juez fue inhabilitada por un caso ajeno al 11M. Aquello supuso, de facto, el final de su investigación. Dos años antes, en octubre de 2011, sufrió un incendio en su vivienda del que apenas logró salir con vida. La cerradura, según denunció, había sido manipulada, y llegó a solicitar escolta policial por temor a sufrir un atentado.
Después vino el silencio. Cillán fue apartada y, con el tiempo, trasladada a una residencia de Madrid tras sufrir una caída en la vía pública. Más tarde fue derivada a un centro en Palencia, dependiente de la Junta de Castilla y León, donde continúa hoy, prácticamente incomunicada y olvidada. Ningún juez ha reabierto su caso. Ningún medio ha investigado su situación. Ni siquiera la oposición —ni PP ni Vox— parece interesada en rescatar su nombre del olvido.
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