La Escuela Austriaca de Carl Menger (III)




Teoría del Valor

a) Concepto de Valor

Empezaremos con el tercer capítulo de los Principios de Economía Política de Carl Menger describiendo brevemente lo qué es el valor de un bien en palabras del propio autor. El economista austriaco se refiere a este término como la conciencia que el ser humano adquiere cuando sabe que la cantidad parcial o total de un bien es necesaria para cubrir sus necesidades.

Una vez dejado clara la definición de valor de un bien pasemos a diferenciar entre un bien económico y no económico. Del primero depende la capacidad de satisfaccióon de las necesidades de un individuo mediante las cantidad y calidad mientras que en el segundo no adquiere valor para el referido individuo por la sencilla razón de que ese bien carece de valor para él. Por tanto, el valor de un bien es algo subjetivo ya que es el propio agente económico el que le otorga un valor necesario para su vida o no. 

La propia naturaleza del ser humano le lleva a satisfacer sus necesidades hasta alcanzar el punto de plenitud y, para ello, busca recursos económicos de mayor valor subjetivo. Esas necesidades que van alcanzando su punto de plenitud a medida que se van satisfaciendo, se convierten en relativas ante un valor mayor de consumo (unidad marginal) que, naturalmente, pasará a ser decreciente. Por ejemplo: Beberse un vaso de agua cuando se tiene sed da satisfacción; dos, probablemente también, pero tres o cuatro empieza a bajar su nivel de satisfacción al tener esta necesidad ya cubierta. 

b) Esquema de necesidades y unidad marginal decreciente

Una vez explicado lo anterior, podemos analizar con mayor criterio formativo el esquema de necesidades de Menger. El austriaco ordena las necesidades de un individuo en una escala que va desde el I al X y a la primera necesidad que tiene ese ser humano (escala I) le otorga un valor de 10 (por ejemplo, necesidad de alimentos necesarios para mantenerse con vida) mientras que a la necesidad representada en la escala VI le otorga un valor 5 (por ejemplo, necesidad de fumar).

      Fuente: Principios de Economía Política de Carl Menger (184 p.p)

Evidentemente, siguiendo la gráfica, se puede observar que a medida que el individuo va consumiendo una unidad adicional de alimentos, dicha unidad pasa a ser decreciente. Esto conlleva a ese agente a darle la misma importancia al tabaco que a los alimentos ante la necesidad de alimentarse ya cubierta que pasa a ser relativa respecto a la necesidad de fumar (todavía no satisfecha). 

Es importante matizar que dos individuos que son diferentes en especie pueden ser homogéneos económicamente si satisfacen una misma necesidad por tener las mismas cualidades aunque, probablemente, diferentes calidades. 

Pasemos a hablar ahora de la refutación que hace Carl Menger a la siguiente afirmación de origen marxista: "El precio de un bien viene marcado por la cantidad de fuerza laboral necesaria para su producción". El autor austriaco la refuta poniendo como ejemplo que un diamante no vale más por la cantidad de trabajo que ha llevado encontrarlo, de hecho se podría encontar tirado en un terreno y valdría lo mismo, sino que vale más porque los agentes económicos le dan un mayor valor económico al ser un bien escaso y, por tanto, poco abundante. Por eso el agua, a pesar de ser más necesaria para nuestra vida, no cuesta tanto conseguirla: por su abundancia no tiene valor económico. 

c) Los bienes de primer orden no tiene valor por ser producidos con bienes superiores con valor económico

La teoría que nos dice que un bien de primer orden, el que satisface la necesidad de manera inmediata, tiene valor económico por ser producido con bienes de orden superior con valor económico es falsa. Es todo lo contrario. Es decir, los bienes de orden superior tienen valor económico en la medida en que el ser humano adquiere la conciencia de que es necesario para la producción de una determinada cantidad de bien que va a servir para cubrir nuestra necesidad en un futuro cercano. Por ejemplo, la harina, levadura, sal y agua tiene valor económico para nosotros porque sabemos que son necesarios para producir una barra de pan, que nos comeremos en un momento cercano.  

Otra cuestión fundamental a la hora de entender el comportamiento económico del ser humano es su preocupación por satisfacer sus necesidades futuras cercanas. Una vez alcanzado la plenitud de las necesidades más importantes para la vida ya algunas como forma de ocio o vicio, los agentes económicos van a buscar bienes que les garanticen poder complacer sus necesidades futuras eventuales o no. Con todo lo anterior, el supuesto económico establecido puede variar en función de la salud del propio individuo; es decir, si la persona goza de una salud enfermiza es lógico que este comportamiento pueda cambiar debido a la predisposición de dicho individuo a satisfacer sus necesidades en espacios temporales inmediatos. 

En la medida en que hacemos una previsión de nuestras necesidades futuras, bienes que actualmente pueden ser considerados como no económicos pasarían a serlo tanto en cuanto comencemos a planificar nuestro futuro bienestar. 

d) El Valor del producto final

Como ya hemos dicho, los bienes superiores empleados en la producción de un producto final deseado al cabo de un tiempo, encuentran su valor económico en la previsión del cálculo final del producto, descontando, por supuesto, la utilización del capital y el coste de la gestión de la actividad empresarial. 

Para terminar este capítulo, voy a terminar explicando la Ley de Vigencia total que estableció Menger para considerar las cantidades de bienes de orden superior empleados en la elaboración del bien de primer orden o final. Esta ley queda definida como el valor de una cantidad concreta de un bien de orden superior al establecer la diferencia de significación de las necesidades satisfechas sin tener todos los bienes necesarios para su producción y aquellas que tendrían que satisfacerse con la totalidad de las cantidades necesarias de los referidos bienes. Por ejemplo, es evidente que si tuviésemos una máquina parada por avería, a la hora de cosechar el grano de trigo la cantidad cosechada probablemente no varíe, pero si lo hiciese, como suele pasar, una parte de nuestras necesidades se verían insatisfechas al no disponer de la cantidad de grano deseada. Ahora bien, cabe reseñar que esto se puede evitar mediante la sustitución de los bienes de orden superior por otros bienes complementarios. Por ejemplo, para el caso mencionado, se podría comprar otra máquina o contratar fuerza laboral que sustituya a la productividad de la máquina. 

En cuanto a la calidad del bien, si debido a la carencia de los bienes superiores no se logra la calidad deseada, la diferencia del valor de las cantidades concretas de dichos bienes va venir determinada  por la plenitud de las necesidades satisfechas por un producto cualificado o la falta de ese punto de plenitud por al poseer un producto final poco decoroso. 






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