Es evidente que la Generalidad tuvo parte de culpa al no lanzar las alertas cuando debía haberlas enviado a los móviles de la población, pero no es menos evidente que una catástrofe que afectó a tres comunidades distintas constituye una clara emergencia nacional que el Gobierno de la nación no decretó. Carlos Mazón, para vergüenza de las víctimas, sigue en su cargo como presidente de la Comunidad Valenciana. También continúan en sus puestos Emiliano García-Page y Pedro Sánchez.
Lo más vergonzoso, a la par que siniestro, es que ningún medio de comunicación —ni siquiera los catalogados como de derechas— ha preguntado por las posibles llamadas entre el presidente del Gobierno y sus delegados en las distintas comunidades afectadas, si es que existieron. Tampoco se ha cuestionado por qué las culpas deben recaer únicamente sobre una sola persona: la figura de Carlos Mazón. Pensar que las competencias autonómicas son suficientes para afrontar un fenómeno atmosférico de tal magnitud resulta ingenuo. Aunque Mazón hubiese hecho bien su trabajo, y aunque hubiera estado en su puesto en lugar de asistir a una comida de cuatro horas, difícilmente se habrían salvado muchas de las vidas que fatalmente se perdieron ese día. No parece creíble que, movilizando a todas las unidades de la policía autonómica, se pudiera cubrir todas las localidades afectadas en Valencia, como finalmente ocurrió. Hasta tal punto llegó la descoordinación que la ayuda francesa llegó antes que la del Gobierno central.
Nadie preguntó, ni pregunta ahora, por la responsabilidad criminal que pudiera haber tenido la entonces ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Tampoco por qué, un año después, ni siquiera se han iniciado las obras e infraestructuras necesarias para evitar que algo similar vuelva a suceder. ¿Es también culpa de Mazón? Evidentemente, no. Si de algo peca la oposición es de su ominoso silencio en estos asuntos, permitiendo que la izquierda mediática y política los llame asesinos, cuando fue el Gobierno conformado por socialistas y comunistas el que no actuó, anteponiendo el cálculo político al deber moral, y pasando por encima de doscientos cadáveres. Y aún seguimos sin saber qué hacía Pedro Sánchez en la India mientras sus diputados y socios de la peor estofa votaban el asalto a RTVE.
En fin, me hierve la sangre al ver el aprovechamiento político que hace la izquierda y la extrema izquierda (PSOE y Podemos/Sumar) de las grandes tragedias de nuestro país, simplemente para dañar a un rival político, en vez de ayudar y actuar amparándose en la Ley de Seguridad Nacional y decretando la emergencia nacional. Carlos Mazón debió dimitir, pero Pedro Sánchez también. Y ahí siguen, agraviando a las víctimas y a sus familias. La prueba de ello es que ninguno de los dos puede pasear tranquilo por las calles de Valencia.
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