Misiva a la Ciudadanía: ¿la dimisión de Mazón? Entre la presión mediática y la manipulación política


Este lunes, el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, comparecerá ante los medios para anunciar lo que, previsiblemente, será su dimisión. De confirmarse, no cabe duda de que una decisión tan grave llega tras días de una presión insoportable, alimentada por insultos y hasta deseos de muerte de parte de las víctimas o presuntas víctimas de la tragedia ocurrida hace un año. Sí, presuntas víctimas, porque el llamado “funeral” de la semana pasada, organizado por el Gobierno desde Moncloa, tuvo más de escenificación política que de acto de homenaje. Su objetivo, a todas luces, era convertir de nuevo a Mazón en el blanco perfecto y desviar la atención del verdadero escándalo que pesa sobre el PSOE: la corrupción.

En mi opinión, Carlos Mazón no debió prestarse al juego infame de aceptar aquella humillación pública. Es cierto que tuvo una cuota de responsabilidad en lo sucedido, pero también lo es que, incluso de haber continuado en su puesto, pocas de las vidas perdidas se habrían salvado. Un reportaje publicado en El Español por Dani Valero y Sandra Vilches pone de manifiesto cómo Teresa Ribera —premiada por Pedro Sánchez con un cargo en Europa— paralizó las obras del barranco del Poyo, valoradas en 228 millones de euros, que habrían evitado hasta el 90% de las muertes de octubre de 2024. Paradójicamente, un año después, la que fuera ministra de Transición Ecológica aún no ha puesto un pie en Valencia.

El Partido Popular no puede volver a caer en la trampa del señalamiento mediático y político de la izquierda, como ha sucedido en otras ocasiones. Mazón debe dar explicaciones claras y completas sobre lo ocurrido durante la DANA, responder a todas las preguntas que se le formulen y poner fin, con firmeza, a las acusaciones infames de “asesinato” que algunos lanzan con ligereza, amparados en la propaganda y el oportunismo.

Particularmente revelador fue el vídeo difundido en X (antes Twitter), donde se observa cómo la mujer que lideraba los gritos contra Mazón —presunta víctima— grababa con su móvil mientras lo insultaba. Resulta difícil empatizar con ese tipo de comportamiento cuando otras familias aún lloran en silencio a sus seres queridos. Su tono, lejos de la emoción genuina del dolor, sonaba impostado. Todo apunta a un montaje político cuidadosamente orquestado para seguir erosionando a un adversario incómodo.

Por eso, más que una dimisión, lo que España necesita es que se desvele toda la verdad: por qué se paralizó las obras y quién se beneficia de convertir una tragedia en un instrumento de manipulación política.




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