1. Fundamentos del intercambio
El intercambio se origina en la existencia de diferencias en la valoración subjetiva de los bienes entre los individuos. Si una persona posee un bien cuya utilidad marginal ha disminuido —es decir, un bien que satisface una necesidad considerada de menor valor— y detecta en otro individuo un bien que le permitiría satisfacer una necesidad de valor superior, surge la motivación para intercambiar.
Por tanto, el principio que impulsa todo intercambio económico no es otro que el mismo que guía toda la actividad económica humana: la búsqueda de la máxima satisfacción posible de las necesidades individuales. De acuerdo con Menger, para que un intercambio tenga lugar deben cumplirse tres condiciones esenciales:
Disponibilidad de bienes apropiados:
Ambos sujetos deben poseer bienes que, para ellos mismos, tienen un valor menor o nulo, pero que para el otro agente poseen un valor superior.
Conocimiento de las valoraciones opuestas:
Cada agente debe conocer la situación del otro, es decir, qué bienes valora más o menos.
Capacidad racional para ejecutar el intercambio:
Ambos deben ser conscientes y capaces de realizar el acto de intercambio de manera voluntaria y deliberada.
2. El límite de las ventajas económicas
Todo intercambio posee un punto denominado por Menger “límite de las ventajas económicas”, el cual representa el grado máximo de beneficio mutuo que pueden obtener dos agentes mediante sucesivos intercambios. A partir de este punto, cualquier nueva transacción deja de incrementar la satisfacción y puede incluso reducirla.
Para ilustrar este principio, Menger propone el siguiente ejemplo.
Ejemplo: Intercambio entre dos agentes
Dos sujetos económicos, A y B, poseen bienes distintos: A tiene caballos y B posee vacas. Ambos valoran sus bienes de forma decreciente según el número de unidades disponibles.
Tabla 1. Valoración inicial de A y B
A | B |
CABALLOS VACAS | CABALLOS VACAS |
50 50 | 50 50 |
40 | 40 |
30 | 30 |
20 | 20 |
10 | 10 |
0 | 0 |
En la primera operación, A entrega a B un caballo valorado en 0, mientras que B le entrega una vaca con el mismo valor. Sin embargo, tras el intercambio, el caballo adquirido por B pasa a tener un valor de 40 en su escala de preferencias, y la vaca obtenida por A también adquiere un valor de 40. Ambos agentes aumentan su nivel de satisfacción.
Tabla 2. Situación después de la primera transacción
A | B |
CABALLOS VACAS | CABALLOS VACAS |
50 50 | 50 50 |
40 40 | 40 40 |
30 | 30 |
20 | 20 |
10 | 10 |
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Una nueva operación incrementa nuevamente la satisfacción de ambos agentes, manteniendo la reciprocidad del beneficio.
Tabla 3. Situación después de la segunda transacción
A | B |
CABALLOS VACAS | CABALLOS VACAS |
50 50 | 50 50 |
40 40 | 40 40 |
30 30 | 30 30 |
20 | 20 |
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Una tercera transacción no genera ganancias adicionales para ninguno de los agentes, pues la utilidad marginal de los bienes intercambiados es idéntica (20 para ambos). En este punto, se alcanza el equilibrio económico del intercambio.
Tabla 4. Situación en el límite de las ventajas económicas
A | B |
CABALLOS VACAS | CABALLOS VACAS |
50 50 | 50 50 |
40 40 | 40 40 |
30 30 | 30 30 |
20 | 20 |
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Si los agentes continúan intercambiando más allá de este límite, ambos incurren en una pérdida de bienestar: cada uno recibe un bien con una valoración subjetiva inferior a la del bien entregado.
Tabla 5. Situación tras la cuarta transacción
A | B |
CABALLOS VACAS | CABALLOS VACAS |
50 50 | 50 50 |
40 40 | 40 40 |
30 | 30 |
20 | 20 |
10 | 10 |
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3. Conclusiones
De este análisis se desprende que el intercambio voluntario entre dos agentes solo se mantiene racionalmente mientras ambos obtienen un incremento neto en su satisfacción individual. Una vez alcanzado el límite de las ventajas económicas, el equilibrio impide nuevas transacciones beneficiosas. Así, Menger demuestra que el intercambio surge del cálculo subjetivo de utilidad, y no de una tendencia altruista o de placer por el intercambio en sí mismo.
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