Misiva a la Ciudadanía: el silencio del Rey en tiempos de inquietud


El discurso de Nochebuena del rey Felipe VI volvió a dejar una sensación de vacío difícil de ignorar. Un mensaje correcto en las formas, pero insustancial en el fondo y claramente alejado de la realidad que afrontan a diario millones de españoles. Resulta llamativo que, en un contexto social tan complejo, el jefe del Estado optara por un discurso sin referencias claras a los principales problemas que preocupan a la ciudadanía.

Según una encuesta reciente de GAD3, las mayores inquietudes de los españoles son la corrupción política, la inseguridad en las calles, la dificultad de acceso a la vivienda y la inestabilidad institucional. Ninguna de ellas mereció mención alguna en el mensaje del monarca. Un silencio que contrasta con precedentes nada lejanos: en 2014, Felipe VI sí señaló con acierto la corrupción política cuando esta afectaba al Partido Popular, entonces en el Gobierno.

La pregunta es inevitable: ¿por qué esa misma claridad no se ha manifestado ahora frente a los casos de corrupción que salpican al PSOE? ¿A qué responde este cambio de criterio? Algunos apuntan a la composición del entorno más cercano del monarca, empezando por el actual jefe de la Casa del Rey, Camilo Villarino, cuya vinculación con sectores de la izquierda es sobradamente conocida. Conviene recordar, además, que Villarino estuvo imputado en el denominado caso Gali, relacionado con la entrada en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali.

Quienes defendemos la monarquía constitucional debemos tener claro que el objetivo principal es preservar la institución por encima de las personas que la encarnan de forma circunstancial. Siempre desde el respeto debido, pero sin confundir neutralidad con pasividad. La historia de España ofrece ejemplos elocuentes de lo que ocurre cuando la Corona permanece impasible ante una situación política que se degrada: el último monarca que optó por esa actitud acabó abandonando el país por Cartagena.

La Casa Real se sostiene con los impuestos de todos los españoles y, solo por ese motivo, los ciudadanos tenemos no solo el derecho, sino también el deber de exigir que la institución mantenga su honorabilidad y su papel constitucional. Con el rey, la ley y la justicia es como se pueden frenar los dislates legislativos y las derivas ilegítimas del Gobierno de Pedro Sánchez.

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