En lo primero basta con cogerse un libro y abrirlo para gozar con el olor a hoja nueva recién salida de la imprenta que inspira la agilidad cerebral. Para lo segundo, reconozco que sigo siendo un aprendiz de ello, pero siempre continúo en esta ardua tarea del escribidor que muchos de mi generación ni siquiera conocen.
Precisamente -centrándome en ésto último relacionado con mi generación-, son las especies humanas con falta de formación o, directamente formadas disfuncionalmente, las que parecen copar en las más altas esferas de responsabilidad de los partidos con representación parlamentaria, en especial, en los partidos de izquierda y, más concretamente, en el PSOE: partido repleto de disfuncionales cerebrales cuando no de seres unineuronales.
Este es el problema de la clase política española a día de hoy: a saber, una colección de ineptos -muchos de ellos todavía imberbes- devenidos en el peor de los casos en nuestros gobernantes. Así han llegado personajes como Yolanda Díaz a ser vicepresidenta del Gobierno de España.
Personajes que, con tal de no irse al paro, acaban arrastrando a todo un país a su desaparición como una de las democracias referentes en el mundo al seguir manteniendo a Pedro Sánchez en el poder.
La sociedad española debe responder de manera tajante ante la oleada de machismo y corrupción instalada en el Gobierno. De lo contrario, está en juego nuestra credibilidad como sociedad y nuestro papel dentro del panorama internacional: cuanto menor peso tenga nuestra opinión en el exterior, más débiles seremos a la hora de responder ante eventuales contingencias que no convengan a España.
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