La Escuela Austriaca de Carl Menger (VI)




En este breve capítulo sobre la denominación del valor de uso y el valor de cambio, recogida en los Principios de Economía Política de Carl Menger, analizaremos qué tipos de bienes poseen uno u otro valor, o ambos simultáneamente.

De forma intuitiva, si nos situamos en un contexto económico pobre, caracterizado por una economía familiar basada en la mera subsistencia de sus miembros, puede afirmarse que las relaciones comerciales son prácticamente inexistentes. En ese escenario, los bienes producidos poseen exclusivamente un valor de uso, ya que están destinados al consumo directo y no al intercambio.

Sin embargo, a medida que se produce un cierto desarrollo económico y el crecimiento permite a las familias generar excedentes, comienza a surgir la posibilidad de intercambiar bienes que anteriormente solo tenían valor de uso. En ese momento, un bien puede ser intercambiado por otro que también resulte útil para quien lo recibe, y es entonces cuando aparece el valor de cambio.

Una vez identificadas las circunstancias en las que puede darse cada situación, conviene definir ambos conceptos. El valor de uso se refiere a la capacidad de un bien para satisfacer directamente una necesidad del individuo que no dispone de él de forma inmediata. Por su parte, el valor de cambio es aquel que permite cubrir una necesidad de manera indirecta, mediante el intercambio de un bien del que se dispone —y que carece de valor económico para su propietario— por otro bien que sí satisface dicha necesidad y que es valorado por el agente económico que lo desea poseer.

En las culturas altamente desarrolladas existen bienes cuyo valor de cambio es inexistente, pero que conservan un claro valor de uso. Las muletas, por ejemplo, son un bien cuyo valor de uso es evidente, ya que únicamente resultan útiles para quienes padecen una lesión o dificultad para caminar. Al mismo tiempo, existen bienes cuyo valor de uso es nulo para su propietario, pero que sí poseen valor de cambio. En el almacén de una óptica, por ejemplo, hay gafas graduadas que no tienen utilidad alguna para el fabricante, pero que adquieren valor precisamente a través de su intercambio con quienes las necesitan para corregir su visión.

Asimismo, existen bienes que inicialmente presentan únicamente un valor de cambio aparente, pero que con el paso del tiempo pasan a tener solo valor de uso. Un propietario de un bosque puede comerciar con los troncos de los árboles que tala para vender leña a quienes la demandan. No obstante, si decide instalar un horno de fundición de hierro y necesita toda esa leña para su propio proceso productivo, los árboles dejarán de tener valor de cambio y pasarán a poseer únicamente valor de uso.

De igual modo, puede darse la situación contraria. Si una persona pobre se convierte repentinamente en rica —por ejemplo, tras ganar la lotería— dejará de utilizar ciertos bienes que antes necesitaba, ya que podrá permitirse adquirir otros nuevos e incluso mejores. En consecuencia, esos bienes pasarán de tener un valor de uso a poseer un valor de cambio, puesto que probablemente decida venderlos.

Comentarios