Misiva a la Ciudadanía: La violencia de la izquierda como alternativa a la derecha




      l domingo nos hemos levantado con la noticia del atentado contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la cena de corresponsales. Este sería el tercer intento de magnicidio contra el mandatario norteamericano —recordemos que uno de ellos casi lo mata, quedando solamente herido de una oreja—.


     Este es el resultado de la radicalización de la izquierda: violencia contra el enemigo común, declarado como enemigo de los derechos humanos. Sin embargo, el asesino ha fracasado en el intento y, afortunadamente, todo ha quedado en un susto. Pero el debate se ha vuelto a abrir. Ya son muchas personas en la lista de objetivos a abatir por la extrema izquierda: Vidal-Quadras, Charlie Kirk, Donald Trump, Bolsonaro, Javier Milei; son solo algunos de ellos. La izquierda señala y otros ejecutan.


     En España, el partido de extrema izquierda Podemos se ha referido al atentado como una farsa montada por Donald Trump para revertir los malos resultados en las elecciones de noviembre que le auguran las encuestas. Un ejemplo de hasta qué punto llega el odio y la barbarie humana.


     Otros han aprovechado la ocasión para criticar el derecho a las armas en Estados Unidos. Sin embargo, aunque este derecho es cierto que existe, comprar un arma allí no es nada sencillo: una cosa es el derecho, que existe, y otra que se pueda comprar o adquirir tan fácilmente, pues existen trámites burocráticos que hay que cumplir; por ejemplo, no tener antecedentes penales y psiquiátricos, así como órdenes de alejamiento.


     El derecho a portar un arma es fundamental en un Estado democrático. Hablamos de la defensa del ciudadano ante una eventual represión del Estado contra sus ciudadanos. Es decir, el problema no es el arma, sino la persona que la utiliza para atacar y no para defenderse. Un cuchillo es un arma blanca, pero depende de cada persona utilizarlo bien o mal.


     En definitiva, nada justifica la violencia y el asesinato político. Occidente está entrando en una espiral de autodestrucción derivada de una falta de moralidad y del olvido de los orígenes de nuestra civilización. La libertad de expresión es fundamental, y eso significa respetar a quien tiene una opinión diferente.

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